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Juan de Acosta, una auténtica fundación

P4120018Juan de Acosta es la única población del Atlántico que ha sido erigida en municipio conservando el nombre de su fundador: don Juan de Acosta, tal vez porque él sí tuvo que crear y fundar un pueblo de verdad y no le sucedió como a Pedro de Heredia o a Francisco Cesar o a Jerónimo de Melo, que encontraron a las poblaciones de Tubará, Piojó y Malambo ya fundadas y con indígenas habitándolas.

En efecto, Juan de Acosta, abanderado de la Conquista Española, llegó a estas tierras acompañando a Pedro de Heredia en su campaña para tomar posesión de Tierradentro (que fue como los extranjeros denominaron al territorio que hoy se llama Departamento del Atlántico) y quedó prendado por la belleza y fertilidad de un vallecito encerrado entre arroyos que corrían hacia el cercano Mar Caribe, según lo recoge una monografía redactada por el historiador Alfonso Cervantes.

Además del agrado que le produjeron las excelentes tierras, el conquistador se sintió cautivado por la cercanía de las reservas auríferas que se sospechaba almacenaban los caciques de los alrededores, de los cuales se recuerdan nombres como Cérex, que lideraba en la población de Bahaire; Tocamá, en Mazaguapo; Cambazo, en Mahates y, por último, Mocatova, que era el hombre fuerte de Tubará, Cipacoa, Cornapacua y Juaruco por aquel entonces.

La bandera y el escudo de Juan de Acosta, creado por el Licenciado Juan Ventura Molina ArtetaSe dice que los indígenas no habían poblado el vallecito del que se enamoró el español debido a que le tenían un terror supersticioso a las crecientes que de cuando en cuando se producen en los arroyos, llamados hoy Juan de Acosta Arriba y El Grande , y que en años recientes han cobrado la vida de varios pobladores.

Cabe aquí señalar que ciertas versiones historiográficas confunden el nombre de Juan de Acosta con el del conquistador Juan de la Cosa, quien en realidad nunca por vino a Tierradentro. Algunas de estas versiones llegan a asegurar que no existió Juan de Acosta, pero Cervantes es categórico al afirmar que sí existió. Nació en la población de Carmona, en España, y llegó a estas tierras para quedarse, alrededor de 1833 , asegura.

Tenemos pues, alrededor de 1538, a don Juan de Acosta instalado en una finquita de unas diez casas, en compañía de varias familias españolas que llegaron con el afán de colonizar, pero no es sino hasta 1607 que alguien decide tomar su nombre para colocárselo a la incipiente población.

Entre este año y 1810, el pueblo adquiere su configuración actual de calles ordenadas cuadricularmente y llegan numerosas familias a establecerse, entre las que se recuerdan las de Baltázar Arteta, Evaristo Curiaga, Gabriel Molina y Blas de Barros, que fueron los pioneros del comercio con otras poblaciones como Sabanalarga, Baranoa, Usiacurí, Galapa y Tubará. Otros apellidos que se introducirían posteriormente son Echeverría, Jimeno, Coronell y Higgins.

En 1810, al estallar la gesta patriótica por la independencia del dominio español, los costeros (gentilicio popular) desempeñan una labor más bien modesta en pro de la causa patriota, pues, de acuerdo con los comentarios de Cervantes, no les interesaba ni les convenía luchar contra los españoles, ya que se sentían muy orgullosos de su ascendencia europea y algunos historiadores llegan a afirmar que Juan de Acosta era un nido de realistas durante la guerra contra España.

. Hay que destacar aquí el hecho de que entre los primeros costeros y sus descendientes se despertó un fuerte celo por conservar la pureza de su raza blanca, que todavía hoy en día tiene cierto predominio en la población.

La bandera y el escudo de Juan de Acosta, creado por el Licenciado Juan Ventura Molina Arteta

Ya en tiempos republicanos, en 1839, encontramos que Juan de Acosta cuenta con 693 almas censadas que se sostienen principalmente a la ganadería y cultivando yuca, maíz y millo, productos que intercambian con los de los pueblos vecinos.

En 1857 Juan de Acosta es elevado a la categoría de Distrito Municipal de la Provincia de Bolívar, pero pierde esta condición en 1868 y es relegada a ser corregimiento de Tubará. Pero, inconformes con esta situación, los costeros inician un movimiento de protesta contra la población de Tubará, que termina por devolverles la municipalidad a finales del siglo pasado, cuando ya contaban con 1130 habitantes, no sin que antes se produjeran altercados y enfrentamientos durante los cuales murió Ariel Arteta Molina a manos de los tubarenses, primer prócer de la patria chica costera , dice el historiador.

Hitos del cambio de siglo dentro de la población lo marcan sucesos como la llegada del automóvil, que lo trajo Arturo De Castro; la publicación del primer tabloide — Juventud –, fundado por Gilberto Arteta Arteta y, posteriormente, del tabloide El Ariel , fundado por Juan Simeón Molina y que marcaría el germen de una revolución cultural y pedagógica en Juan de Acosta.

Desde 1880 se creó en Juan de Acosta la Compañía Algodonera de Puerto Caimán, con sedes en Barranquilla, Tubará, El Carmen de Bolívar y Juan de Acosta. Desde entonces y hasta mediados de este siglo la siembra y procesamiento de algodón fue una industria próspera y productiva, que daba empleo a la mayor parte de la población masculina y femenina del pueblo.

En 1921 Juan de Acosta sufre la primera arremetida de las crecientes de los arroyos en su casco urbano, que arrasan las viviendas ubicadas en la Calle del Colegio y cobran la vida de una menor, sobre todo debido a la falta de planificación urbanística, problema que continúa hasta nuestros días, cuando los arroyos que tanto asustaban a los indígenas mocaná siguen siendo un dolor de cabeza para los costeros.

A partir de 1950 comienza a crearse en inmediaciones de lo que se conocía como Playa de la Mata de la Uva (algunos la recuerdan como Playa de Uvita o Playa La Uva) el balneario de Santa Verónica, en donde se mudaron originalmente las familias de Alejandro Arteta, José Angel Alba y Julio Maury.

En esa misma década se construye la Carretera del Algodón, que conducía a Barranquilla en corto tiempo mientras estuvo en buen estado, pero la vía terminó destruida debido al abandono, al mismo tiempo que se acabó la bonanza del algodón, que ya no es más que un recuerdo de los mejores tiempos que vivió esta población.

El Tiempo